viernes, 20 de enero de 2017

LAS CONFESIONES DEL CRIMINAL JOHN KERRY



La guerra contra Siria es la primera que se prolonga por más de 6 años en plena era numérica. Numerosos documentos que deberían haberse mantenido en secreto ya han sido publicados. Aunque han aparecido en diferentes países, de manera tal que la opinión publica no tiene conciencia de ello, esos documentos ya permiten en este momento reconstruir la secuencia de los acontecimientos. La publicación de una grabación de declaraciones que John Kerry hizo en privado, en septiembre de 2016, revela la política del Departamento de Estado y obliga a todos los observadores –incluyéndonos a nosotros– a revisar sus análisis anteriores.

La difusión en The Last Refuge de la grabación completa del encuentro que el secretario de Estado John Kerry sostuvo con miembros de la Coalición Nacional (oposición siria en el exterior) el 22 de septiembre de 2016, en los locales de la delegación de los Países Bajos ante la ONU [1], pone en tela de juicio todo lo que todos creían haber entendido sobre la posición de Estados Unidos hacia Siria.

Primeramente, creímos que si bien Washington había iniciado la operación conocida como «Primavera Árabe» para derrocar los regímenes laicos en beneficio de la Hermandad Musulmana, luego había dejado a sus aliados emprender solos la Segunda Guerra contra Siria, a partir de julio de 2012.
Y que estos aliados perseguían sus propios objetivos –la recolonización, en el caso de Francia y Reino Unido; la conquista del gas, para Qatar; expansión del wahabismo y venganza posterior a la guerra civil libanesa, para Arabia Saudita; anexión del norte de Siria, para Turquía, según el modelo chipriota; etc.– porque se había renunciado al objetivo inicial. Pero John Kerry dice en esa grabación que Washington nunca dejó de tratar de derrocar la República Árabe Siria, lo cual implica que controló en cada etapa lo que hacían sus aliados. De hecho, durante los 4 últimos años, los yihadistas han sido dirigidos, armados y coordinados por el Allied LandCom, el mando de las fuerzas terrestres de la OTAN, con sede en la ciudad turca de Esmirna (Izmir).


En segundo lugar, John Kerry reconoce que Washington no podía ir más lejos por causa de 2 factores: el Derecho Internacional y la posición de Rusia. Entendámonos bien: Estados Unidos no dejó nunca de ir demasiado lejos. Destruyó la mayor parte la infraestructura siria vinculada a la industria del petróleo y el gas, usando como pretexto la lucha contra los yihadistas (lo cual corresponde al Derecho Internacional), pero lo hizo y sin invitación ni autorización del presidente Assad (lo cual viola el Derecho Internacional). Sin embargo, Estados Unidos no se atrevió a desplegar sus tropas en suelo sirio ni a combatir abiertamente, como lo hizo en Corea, en Vietnam y en Irak. Para eso, optó por poner a sus aliados en primera línea –aplicando el leadership from behind, o sea el «liderazgo desde atrás»– y apoyar, sin mucha discreción, grupos de mercenarios, como hizo en Nicaragua en los años 1980, aún exponiéndose a ser condenado por la Corte Internacional de Justicia –el tribunal interno de la ONU. Washington no quiere embarcarse en una guerra contra Rusia. Y esta última, que no se opuso a la destrucción de Yugoslavia y Libia, esta vez se levantó y rechazó la línea que supuestamente debía limitar su acción. Moscú está en condiciones de defender el Derecho con la fuerza si Washington se lanza abiertamente en una nueva guerra de conquista.

Tercero, John Kerry atestigua en esa grabación que Washington esperaba una victoria de Daesh (el Emirato Islámico) sobre la República Árabe Siria. Hasta ahora –basándonos en el informe del general Michael Flynn (fechado el 12 de agosto de 2012) y en el artículo de Robin Wright publicado en el New York Times el 28 de septiembre de 2013– habíamos entendido que el Pentágono aspiraba a crear un «Sunnistán» en territorios de Siria e Irak para cortar la ruta comercial terrestre de China hacia Occidente («Ruta de la Seda»). Pero Kerry confiesa que el plan iba mucho más lejos. Probablemente, Washington contaba con que Daesh tomara Damasco, de donde después debía expulsarlo Tel Aviv, con lo cual los yihadistas se replegarían hacia el «Sunnistán», cuyo control se les atribuiría. Siria habría quedado entonces dividida, con el sur bajo la ocupación de Israel, el este bajo control de Daesh y el norte para Turquía.

Esto permite entender por qué Washington proyectaba la imagen de que ya no controlaba nada, como si estuviese limitándose a permitir que sus aliados actuaran a su antojo: lo que hizo fue enrolar a Francia y Reino Unido en la guerra haciéndoles creer que podrían recolonizar el Levante, cuando en realidad tenía previsto dividir Siria sin ellos.

Cuarto, al reconocer que «apoyó» a Daesh, John Kerry admite que lo armó, con lo cual hace polvo la retórica de la «guerra contra el terrorismo».


- Sabíamos, desde el atentado del 22 de febrero de 2006 contra la mezquita al-Askari, en Samarra, Irak, que Daesh –inicialmente denominado «Emirato Islámico en Irak»– había sido creado por el director nacional de la inteligencia estadounidense, John Negroponte, y por el coronel James Steele –siguiendo el esquema de lo que ya habían hecho a principios de los años 1980 en Honduras– para acabar con la resistencia iraquí y desatar una guerra civil.
- Sabíamos, desde que el diario del PKK Ozgur Gundem publicó el acta de la reunión de planificación realizada en Amman el 1º de junio de 2014, que Estados Unidos organizó la ofensiva conjunta de Daesh contra la ciudad iraquí de Mosul y del gobierno regional del Kurdistán iraquí contra Kirkuk.
- Ahora sabemos con certeza que Washington nunca cesó su apoyo a Daesh.

Quinto, el conflicto entre el clan Allen/Clinton/Feltman/Petraeus y la administración Obama/Kerry lo habíamos interpretado como un desacuerdo sobre si había o no que apoyar a Daesh. Nada de eso. Ninguno de esos dos grupos tiene el menor escrúpulo en organizar y apoyar a los yihadistas más fanáticos. El desacuerdo reside única y exclusivamente en cuanto a recurrir a la guerra abierta –y el conflicto con Rusia que ello podría provocar– u optar por la acción secreta. El general Michael Flynn –actual consejero de seguridad nacional de Donald Trump– es el único que se opuso al yihadismo.

Si, dentro de algunos años, Estados Unidos se derrumbara, como sucedió con la URSS, esta grabación de John Kerry, podría servir de prueba acusatoria contra él y contra Barack Obama ante una jurisdicción internacional –pero no ante la Corte Penal Internacional, ya demasiado desacreditada.

Como ya reconoció la autenticidad de los fragmentos anteriormente publicados por el New York Times, Kerry no podría impugnar la autenticidad de la grabación íntegra. El apoyo a Daesh que Kerry expresa en esa grabación viola varias resoluciones de la ONU y prueba su responsabilidad personal, y la del aún presidente de Estados Unidos Barack Obama, en los crímenes contra la humanidad perpetrados por esa organización terrorista.

Thierry Meyssan

[1] “Absolutely Stunning – Leaked Audio of Secretary Kerry Reveals President Obama Intentionally Allowed Rise of ISIS…”, The Last Refuge (The Conservative Tree House), 1º de enero de 2017.
Thierry Meyssan


FUENTE: RED VOLTAIRE

miércoles, 4 de enero de 2017

El CAMBIO DE BANDO DE TURQUÍA



El presidente ruso Vladimir Putin anunció la proclamación de un alto al fuego en Siria, acordado con Turquía, país que hasta ahora había sido el principal respaldo operativo de los yihadistas. ¿Cómo se explica este giro inesperado? ¿Logrará el presidente turco Erdogan mover su país de la esfera influencia de Estados Unidos a la de Rusia? ¿Cuáles son las causas y consecuencias de este importante cambio de bando?

Turquía es un país miembro de la OTAN, aliado de Arabia Saudita, amo del yihadismo internacional desde que el príncipe saudita Bandar ben Sultán tuvo que ser hospitalizado –en 2012– y padrino de la Hermandad Musulmana desde el derrocamiento de Mohamed Morsi en Egipto y la discrepancia entre Doha y Riad, en 2013 y 2014. En noviembre de 2015, Turquía llegó incluso a atacar a Rusia, derribando un Sukhoi-24 y provocando con ello una ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú.

Pero esa misma Turquía acaba de apadrinar el alto al fuego en Siria, diseñado por Rusia [1]. ¿Por qué?

Desde 2013, Washington ha dejado de ver a Recep Tayyip Erdogan como un aliado confiable. Debido a ello, la CIA realizó diversas operaciones no contra Turquía sino directamente contra Erdogan.
En mayo-junio de 2013, la CIA organiza y respalda el movimiento de protesta del parque Taksim Gezi. Durante las elecciones legislativas turcas de junio de 2015, la agencia estadounidense financia y maneja el partido de las minorías HDP para limitar los poderes del presidente Erdogan. Recurre a esa misma táctica en las elección de noviembre de 2015, pero el poder turco logra “arreglarlas”. La CIA pasa entonces de la política a la acción secreta. Organiza 4 intentos de asesinato, de los que el más reciente –en julio de 2016– termina muy mal, cuando la agencia estadounidense empuja un grupo de oficiales kemalistas a tratar de dar un golpe de Estado sin ninguna preparación.

Recep Tayyip Erdogan se halla, por lo tanto, en la misma posición que el primer ministro italiano de los años 1970, Aldo Moro: está a la cabeza de un país miembro de la OTAN y enfrenta la hostilidad de Estados Unidos. A Aldo Moro, la OTAN logró eliminarlo manipulando un grupo de extrema izquierda [2]. Pero no ha logrado liquidar a Erdogan.
Por otro lado, para ganar las elecciones en noviembre de 2015, Erdogan tuvo que captar a los supremacistas turco-mongoles reactivando unilateralmente el conflicto con la minoría kurda. De hecho, a su base electoral islamista del AKP le agregó los supuestos «nacionalistas» del MHP. En cuestión de meses mató más de 3 000 ciudadanos turcos miembros de la etnia kurda y arrasó varias aldeas, incluso barrios de grandes ciudades.

Para terminar, al servir de intermediario para la entrega a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh) del armamento que enviaban Arabia Saudita, Qatar y la OTAN, Erdogan estableció una estrecha relación con las organizaciones yihadistas. No dudó en utilizar la guerra contra Siria para echarse dinero en el bolsillo, a título personal. Primero lo hizo apoderándose de las maquinarias de las fábricas de Alepo –desmontadas y trasladadas a Turquía– y luego traficando con el petróleo y las antigüedades robados por los yihadistas. Todo el clan Erdogan fue vinculándose paulatinamente a los yihadistas. Por ejemplo, su actual primer ministro, el mafioso Binali Yildirim, organizó talleres para la fabricación de artículos falsificados en los territorios que administra Daesh.

Pero la intervención del Hezbollah en la segunda guerra contra Siria –a partir de julio de 2012– y después la intervención de la Federación Rusa –en septiembre de 2015– imprimieron un giro al conflicto. La gigantesca coalición de los “Amigos de Siria” ha perdido gran parte del terreno que ocupaba y está encontrando cada vez más dificultades para reclutar nuevos mercenarios. Miles de yihadistas han abandonado el campo de batalla y ya se han replegado hacia Turquía.

Pero la mayoría de esos individuos son incompatibles con la civilización turca. El problema es que los yihadistas no fueron reclutados como un ejército coherente sino para reunir el mayor número posible de elementos armados. Llegaron a ser al menos 250 000, quizás incluso muchos más. Al principio eran delincuentes árabes bajo las órdenes de miembros de la Hermandad Musulmana. Progresivamente, fueron agregándose los sufistas naqchbandis del Cáucaso e Irak, e incluso jóvenes occidentales sedientos de revolución.

Esta increíble mezcolanza no puede mantenerse si se desplaza a Turquía. En primer lugar, porque los yihadistas ahora quieren tener su propio Estado, y parece imposible que puedan proclamar otra vez el Califato en Turquía. Y también por todo tipo de razones de orden cultural. Por ejemplo: los yihadistas árabes han adoptado el wahabismo de los donantes sauditas. Según esa ideología del desierto, la Historia no existe. Por eso han destruido numerosas ruinas antiguas, supuestamente porque el Corán prohíbe los ídolos. Si bien esa óptica no ha encontrado problemas en Ankara, nadie concibe que los dejen tocar el patrimonio turco-mongol.

De hecho, en este momento Erdogan tiene –además de Siria– otros 3 enemigos:
- Estados Unidos y sus aliados turcos –el FETO, organización del islamista burgués Fethullah Gulen;
- los kurdos independentistas, sobre todo el PKK;
- las pretensiones de los yihadistas, principalmente los de Daesh, de crear un Estado sunnita.

El interés de Turquía sería aplacar prioritariamente sus conflictos internos con el PKK y con el FETO. Pero el interés personal de Erdogan es encontrar un nuevo aliado. Después de haber sido aliado de Estados Unidos, durante el ascenso estadounidense, ahora quiere convertirse en aliado de Rusia, que ya es la primera potencia militar del mundo en materia de guerra convencional.

Operar este cambio de bando parece particularmente difícil en la medida en que Turquía es miembro de la OTAN, organización de la que nadie ha logrado salir. Quizás pudiera, en un primer momento, salir del mando militar integrado, como hizo Francia en 1966. Y hay que recordar que en aquella época Charles De Gaulle tuvo enfrentar un intento de golpe de Estado y fue objeto de numerosos intentos de asesinato por parte de la OAS, organización financiada… por la CIA [3].


Suponiendo que Turquía lograse manejar ese cambio, todavía tendría que hacer frente a otros dos grandes problemas.

En primer lugar, aunque no se conoce con precisión la cantidad de yihadistas desplegados en Siria e Irak, es posible estimar que ya queden sólo entre 50 000 y 200 000. Sabiendo que esos mercenarios son masivamente irrecuperables, ¿qué se puede hacer con ellos? El acuerdo de alto al fuego, redactado de manera voluntariamente imprecisa, deja abierta la posibilidad de atacarlos en Idlib. Esa gobernación siria se halla bajo la ocupación de una serie de grupos armados, sin vínculos entre sí pero bajo la coordinación de la OTAN, desde el LandCom, instalado en Esmirna (Izmir) –precisamente en Turquía–, a través de ONGs «humanitarias». Contrariamente a Daesh, esos yihadistas no han sabido organizarse correctamente y siguen dependiendo de la ayuda de la OTAN. Esa ayuda les llega a través de la frontera turca, que podría cerrarse de un momento a otro. Sin embargo, si bien resulta fácil controlar los camiones que siguen rutas bien definidas, no es posible cortar el paso a los hombres que se mueven a campo traviesa. Miles, quizás decenas de miles de yihadistas, podrían huir próximamente hacia Turquía y desestabilizar ese país.

Turquía ya inició su cambio de retórica. El presidente Erdogan acusó a Estados Unidos de seguir apoyando a los yihadistas en general y a Daesh en particular, dando a entender que si él mismo lo hizo en el pasado fue bajo la mala influencia de Washington. Ankara espera ganar dinero poniendo la reconstrucción de Homs y Alepo en manos de su empresa constructora. Pero es difícil imaginar que, después de haber pagado a cientos de miles de sirios para que abandonaran su país, después de haber saqueado el norte de Siria y de haber respaldado a los yihadistas que han destruido el país y asesinado a cientos de miles de sirios, Turquía logre evadir todas sus responsabilidades.

El cambio de bando de Turquía –si se confirma en los próximos meses– traerá todo una cadena de consecuencias. Comenzando por el hecho que el presidente Erdogan se presenta ahora no sólo como aliado de Rusia sino también como socio del Hezbollah y de la República Islámica de Irán, o sea de los héroes del mundo chiita. Termina con ello el sueño de una Turquía líder del mundo sunnita, que lucha contra los «herejes» con el dinero de Arabia Saudita. Pero el conflicto artificial entre musulmanes, desatado por Washington, no terminará hasta que Arabia Saudita también renuncie a la ilusión.

El extraordinario giro de Turquía resulta probablemente difícil de entender para los occidentales, que creen que la política es siempre pública. Sin entrar a mencionar el arresto de varios oficiales turcos en un bunker de la OTAN en el este de Alepo, hace 2 semanas, es más fácil de interpretar para quienes recuerdan, por ejemplo, el papel personal de Recep Tayyip Erdogan durante la primera guerra de Chechenia, cuando él mismo dirigía la Milli Gorus, papel del que Moscú nunca habló pero que está ampliamente documentado en los archivos de los servicios de inteligencia de la Federación.

Vladimir Putin ha preferido convertir un enemigo en aliado, en vez de hacerlo caer y tener que seguir batallando contra el Estado que hoy dirige. El presidente Bachar al-Assad, sayyed Hassan Nasrallah y el ayatola Alí Khamenei han comprendido que es mejor hacer lo mismo.


Elementos a recordar:

- Después de haberse ilusionado con la conquista de Siria, el presidente Erdogan ahora se halla en dificultades –únicamente por causa de su propia política– en 3 frentes a la vez: tiene problemas con Estados Unidos y con el FETO –la organización de Fethullah Gulen–; con los kurdos independentistas del PKK; y con Daesh.
- A esos tres adversarios podría agregarse nuevamente Rusia, que posee abundante información sobre la trayectoria personal de Erdogan. Eso ha llevado al presidente Erdogan a optar por aliarse con Moscú y pudiera llegar a salir del mando integrado de la OTAN.


Thierry Meyssan



FUENTE: VOLTAIRE.ORG

jueves, 29 de diciembre de 2016

STALIN 'PLANEABA ENVIAR UN MILLÓN DE SOLDADOS A DETENER A HITLER SI REINO UNIDO Y FRANCIA ACEPTABAN ALIANZA'




Documentos que fueron mantenidos en secreto por casi 70 años muestran que la Unión Soviética propuso enviar una poderosa fuerza militar en un esfuerzo por convencer a Francia y Gran Bretaña de formar una alianza anti-nazi.

Tal acuerdo pudo haber cambiado la historia del siglo XX, impidiendo el pacto de Hitler con Stalin, que le permitió hacer la guerra libremente a los vecinos europeos de Alemania.

La oferta de una fuerza militar para ayudar a contener a Hitler fue hecha por una alta delegación militar soviética, durante una reunión en el Kremlin (dos semanas antes del inicio de la guerra en 1939) con altos oficiales ingleses y franceses.

Los documentos recién revelados (cuyas copias han sido vistas por The Sunday Telegraph) muestran las enormes cantidades de infantería, artillería y fuerzas aerotransportadas que los generales de Stalin ofrecieron enviar, en caso de que las objeciones polacas al tránsito del ejército rojo por su territorio pudieran ser superadas.

Los negociadores británicos y franceses, autorizados por sus gobiernos para negociar pero no para sellar acuerdos, no respondieron a la oferta soviética hecha el día 15 de agosto. Así entonces, Stalin recurrió a Alemania, firmando el notorio tratado de no agresión con Hitler recién una semana después.

El pacto Molotov-Ribbentrop, llamado así por los ministros de Relaciones Exteriores de los dos países, se firmó el 23 de agosto, sólo una semana antes de que la Alemania nazi atacara a Polonia, iniciando así la segunda guerra mundial. Pero de acuerdo al general de división de servicio de inteligencia exterior ruso, Lev Stskov, esto nunca hubiera sucedido si la oferta de Stalin de una alianza con las potencias occidentales hubiera sido aceptada. Sotskov ha revisado 700 páginas de documentos desclasificados.

''Esta fue la última oportunidad de cazar al lobo, incluso después de que Chamberlain (primer ministro conservador británico) y el francés habían entregado Checoeslovaquia a la agresión alemana el año anterior en los Acuerdos de Munich'' según el general Sotskov.

 La oferta soviética, hecha por el ministro de guerra Marshall Klementi Voroshilov y el jefe del Ejército Rojo Boris Shaposhnikov, habría puesto en las fronteras de Alemania hasta 120 divisiones de infanteria (cada una con 19, 000 tropas) 16 de caballería, 5 000 piezas de artillería pesada, 9 500 tanques y hasta 5 500 aviones caza y bombarderos soviéticos en caso de guerra contra las potencias occidentales, según los documentos desclasificados de las reuniones.


A pesar de esto, el almirante Sir Reginal Drax, que estaba a cargo de la delegación británica respondió a su contraparte que sólo estaba autorizado para negociar pero no para hacer tratos.

''Si los británicos, franceses y sus aliados polacos hubieran tomado la oferta en serio pudimos haber puesto 300 o más divisiones en el terreno a lo largo de dos frentes contra Alemania, esto es el doble de lo que Hitler tenía en el momento. Fue una oportunidad de salvar al mundo o al menos detener al lobo antes del ataque'' dice el general Sotskov, quien se unió al Servicio de Inteligencia Soviético en 1956.  

Cuando le preguntaron al almirante Drax acerca de la cantidad de divisiones que el Reino Unido podría desplegar contra una posible agresión alemana, él respondió  que tenían sólo 16 divisiones listas para el combate, dejando a los soviéticos estupefactos ante la falta de preparación de los británicos ante el inminente conflicto.


El intento soviético de forjar una alianza anti-nazi con los británicos y franceses eses bien conocido aunque exactamente hasta donde estaban dispuestos a llegar en Moscú nunca antes había sido revelado.

Simon Sebag Montefiore, autor del best seller La corte del zar rojo, dice que es evidente que hay detalles en los documentos desclasificados que eran desconocidos para los historiadores occidentales. ''Los detalles de la oferta de Stalin subraya lo que es conocido: que los británicos y franceses pudieron haber perdido en 1939 una oportunidad colosol de prevenir la agresión alemana que desató la segunda guerra mundial. Muestras que la seriedad de Stalin era mayor de lo que pensabamos al ofrecer esta alianza'' dice Sebag.

El profesor Donald Cameron Watt, autor de How War Came -ampliamente considerado como un el más completo recuento de los 12 meses anteriores a la guerra-  dijo que los detalles eran nuevo, pero se mostró esceptico acerca de la afirmación de que fueron tratados durantes las reuniones.

''No hay mención a nada de esto en ninguna de las tres agendas de la época, dos de ella británicas y la otra francesa, incluyendo la del admirante Drax'' dice Cameron. ''Yo no creo en la seriedad de los rusos'' acotó.

Los archivos desclasificados abarcan desde principios de 1938 hasta el estallido de la guerra en septiembre de 39 y revelan que el Kremlin sabía de la enorme presión que Gran Bretaña y Francia ejercieron sobre Checoeslovaquia para apaciguar a Hitler entregandole la región de los Sudetes las cual era etnicamente alemana en el año 1938.


''A cada paso de la etapa de 'apaciguamiento', desde las primera reuniones altamente secretas entre los británicos y franceses, nosotros entendiamos lo que estaba sucediendo''. ''Era claro que el 'apaciguamiento' no se dentendría con la entrega de los Sudetes por parte de los checoeslovacos y que ni Gran Bretaña ni Francia moverían un dedo cuando Hitler desmembrara el resto del país'' dice el general Sotskov.

Las fuentes de Stalin, eran agentes de inteligencia soviéticos en Europa pero no en Londres. ''Los documentos no revelan exactamente quienes era los agentes pero probablemente estaban en París o Roma'' añade el general Sotskov.

Poco después del notorio Acuerdo de Munich de 1938 -en el que Neville Chamberlain, primer ministro británico dió efectivamiente el visto buena a la anexión de los Sudetes- el presidente de Checoeslovaquia Eduard Benes, fue claramente advertido de no invocar el tratado de defensa mutua que su país tenía con la URSS, con el argumento de que esto provocaría una mayor agresión de Alemania.

''Chamberlain sabía que Checoeslovaquia había sido entregada el día que regresó de Munich en septiembre del 38 blandiendo un papel que contenía la firma de Hitler'' dice Sotskov. 

Las discusiones secretas entre la delegación militar franco-británica y los soviéticos en agosto de 1939 -cinco meses después de la ocupación nazi de Checoeslovaquia- sugieren que había desesperación e impotencia en las potencia occidentales ante la agresividad alemana.



Fuente original: http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/russia/3223834/Stalin-planned-to-send-a-million-troops-to-stop-Hitler-if-Britain-and-France-agreed-pact.html

Traducción del blog Antiimperialismo o barbarie










domingo, 18 de diciembre de 2016

ARRESTAN YIHADISTAS Y MILITARES EXTRANJEROS EN ALEPO



Red Voltaire – Los yihadistas que ocupaban varios barrios en el este de Alepo han sido autorizados a irse, según su propia elección, a las ciudades sirias de Idlib –bajo control de al-Qaeda– o de Raqqa –bajo control del Emirato Islámico (Daesh)– o entregarse al Ejército Árabe Sirio. Los que optaron por la retirada fueron evacuados en autobuses bajo la protección de la República Árabe Siria y de la Federación Rusa y en presencia de representantes de la ONU.

Algunos yihadistas trataron de huir mezclándose con la población civil. Los servicios de inteligencia lograron identificarlos y más de 1 500 fueron arrestados durante el proceso de registro de los 120 000 habitantes que se hallaban en los barrios liberados.

El diputado y presidente de la Cámara de Comercio de Alepo, Fares Shehabi, ha publicado una lista no exhaustiva de 14 oficiales extranjeros detenidos por las fuerzas especiales sirias en el bunker de la OTAN en el este de Alepo.

A continuación ofrecemos sus nombres y países de procedencia:

Mutaz Kanoglu – Turquía
David Scott Winer – Estados Unidos
David Shlomo Aram – Israel
Muhamad Tamimi – Qatar
Muhamad Ahmad Assabian – Arabia Saudita
Abd-el-Menham Fahd al-Harij – Arabia Saudita
Islam Salam Ezzahran al-Hajlan – Arabia Saudita
Ahmed Ben Naoufel al-Darij – Arabia Saudita
Muhamad Hassan al-Sabihi – Arabia Saudita
Hamad Fahad al-Dousri– Arabia Saudita
Amjad Qassem al-Tiraoui – Jordania
Qassem Saad al-Shamry – Arabia Saudita
Ayman Qassem al-Thahalbi – Arabia Saudita
Mohamed Ech-Chafihi el-Idrissi – Marruecos

En esta lista aparecen únicamente los oficiales que aceptaron identificarse. Otros prisioneros, que no han querido revelar sus identidades, representan evidentemente a otros Estados implicados en esta guerra de agresión contra la República Árabe Siria.

En cumplimiento de la Convención de Ginebra sobre los prisioneros de guerra, no se publicarán fotos de estos militares.

En febrero de 2012, alrededor de 40 oficiales turcos y una veintena de oficiales franceses fueron devueltos a su país a través del mediador Mijaíl Fradkov
, director de los servicios de inteligencia rusos, o entregados directamente al almirante Edouard Guillaud, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas de Francia, en la frontera libanesa.



FUENTE: RED VOLTAIRE

sábado, 17 de diciembre de 2016

LEGISLADORES DERECHISTAS DE VENEZUELA SOLICITAN UN AUMENTO DEL PRESUPUESTO DE 1000%




La cifra es escandalosa por sí sola. Más aún si los diputados que exigen esa cifra para abultar sus sueldos, viáticos y gastos corrientes (comidas, transporte, eventos, etc.) tienen en su haber, nada más el período legislativo ordinario del año 2016, un total de 36 sesiones suspendidas por falta de quórum.

Quizás la decisión de entrar en desacato con el Tribunal Supremo de Justicia también tiene como cálculo justificar su flojera histórica, su total irrespeto hacia quienes votaron por ellos.

Nada distinto a lo que han hecho con anterioridad. Según el portal web El Pitazo, en 2015 los diputados de la MUD acumularon colectivamente 699 inasistencias, de las cuales 667 fueron injustificadas. Incluso, 12 diputados de la MUD que se lanzaron para la reelección en 2015, tenían más de 90% de inasistencias durante ese último período legislativo.

La cifra salta a la vista si se le compara con el presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional en 2014 y ejecutado en 2015, el cual llegó a los 955 millones de bolívares, ese montó alcanzó para pagar las jubilaciones y otros pasivos de la Asamblea Nacional, así como todos los gastos corrientes y extraordinarios que necesitaban cubrir.
Aunque la inflación inducida por actores económicos internos y externos presione a instituciones públicas y a las empresas públicas y privadas a ajustar sus presupuestos, no existe una explicación racional en términos administrativos para aumentar en más de 1000% los gastos de dicha institución. Con 955 millones el año pasado todos los gastos estuvieron cubiertos.

El monto que piden los diputados antichavistas de la Asamblea Nacional es similar a lo que el Gobierno Bolivariano recientemente entregó vía financiamiento para aumentar la producción de semillas para el año que viene. Incluso el monto de la Asamblea Nacional superaría en aproximadamente 4 mil millones de bolívares ese financiamiento.

Es superior a lo entregado por el ejecutivo nacional este año para construir este año y el que viene 34 mil 937 viviendas en los estados de Aragua, Nueva Esparta, Portuguesa, Mérida, Miranda, Barinas, Bolívar, Lara, Sucre, Trujillo y Caracas. Es decir, mientras 34 mil 937 viviendas le cuestan al Estado 17 mil 170 millones de bolívares, 109 diputados que no trabajan exigen 27 mil millones de bolívares para un año, usando a la Asamblea Nacional como pretexto. 

Supera en 11 mil millones los reacomodos presupuestarios para todas las universidades del país para el año 2015 y 2016, que no superan los 17 mil millones de bolívares. En Venezuela, según cifras de oficiales de 2013, existen 2 millones 600 mil estudiantes universitarios, en su mayoría de instituciones públicas. Diputados que no trabajan dicen tener mayores necesidades que 2 millones y medio de estudiantes.

El pasado 27 de julio el presidente Nicolás Maduro entregó 60 mil millones de bolívares a todas las gobernaciones y alcaldías para cumplir con sus obligaciones salariales y proyectos sociales de diversa índole en el segundo semestre del año 2016. 48 mil millones fueron a las 23 gobernaciones y 12 mil a las 335 alcaldías del país.

Los diputados antichavistas exigen para funcionar casi la mitad de los recursos entregados a las 23 gobernaciones y a las 335 alcaldías del país, instancias del poder público que tienen bajo su responsabilidad miles de trabajadores, jubilados, cientos de centros educativos y de salud, además de proyectos de infraestructura local y regional de diversa índole.

Ese es su sentido de justicia en un momento complicado en lo económico para el venezolano de a pie.
Hoy terminó el segundo período de sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional, se acabó la agenda parlametaria de la MUD en 2016.

FUENTE: MISIÓN VERDAD

domingo, 4 de diciembre de 2016

GOBIERNO BRITÁNICO PROTEGIÓ A CRIMINALES FASCISTAS DE LAS -SS DESPUÉS DE LA GUERRA



El continuo apoyo otorgado a políticos y militares fascistas ucranianos por los gobiernos occidentales ha hecho surgir la pregunta de cómo es posible tal traición a los sacrificios de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que gran parte de la población desconoce, principalmente debido a una prensa cada vez más corrompida, es que esos mismos gobiernos cuentan con una larga historia de protección a quienes cometieron algunos de los crímenes más terribles de aquella guerra. Uno de los más atroces ejemplos de estas prácticas de proteger de la justicia a criminales de guerra, confirmada en 2005 cuando el British Home Office desclasificó la documentación que mostraba que el Gobierno británico protegió a al menos 8.000 miembros de la División Waffen SS-Galicia de la justicia soviética.
Cuando la Alemania nazi se rindió ante las fuerzas aliadas en mayo de 1945, la 14ª División Waffen SS-Galicia, compuesta por voluntarios ucranianos, continuó su retirada hacia el oeste desde sus posiciones en Austria para evitar así ser capturados y castigados por el avance del Ejército Rojo. La división –de aproximadamente 10.000 soldados– optó finalmente por rendirse a las tropas británicas y estadounidenses y fue enviada, brevemente, al campo de internamiento de Spittal an der Drau, Austria. Contra lo acordado en la Conferencia de Yalta, el Gobierno británico rechazó repatriar a la División Galicia a la Unión Soviética y optó por enviarlos a otro campo de internamiento en Bellaria-Igea Marina, al norte de Italia. Fue allí donde tres de los más prominentes fascistas ucranianos –Mykola Lebed, Ivan Hryoj y el obispo Ivan Buchko– consiguieron que el Vaticano intercediera por los soldados, a los que Buchko calificó de “buenos católicos y fervientes anticomunistas”.


Con ayuda de dicha intervención, las autoridades británicas y estadounidenses que controlaban el campo de prisioneros se mantuvieron firmes en su intención de rechazar su obligación de repatriar a los soldados a la Unión Soviética.
Uno de los principales defensores de la decisión británica de no repatriar a la División Galicia fue el mayor Denis Hill, dispuesto a proteger a los soldados pese a admitir que sabía que “eran de las SS”, afirmando que el ejército “no estaba interesado en los crímenes de guerra”. Según escribió el académico británico Stephen Dorril en su libro M16: Inside the Covert World of Her Majesty’s Secret Service (MI6: En el Mundo Oculto de los Servicios Secretos de Su Majestad), el mayor Hills era un autodenominado fascista y convencido anticomunista que quiso asegurarse de que la División Galicia fuera trasladada a Gran Bretaña. Fue el propio Hills el que aconsejó al líder de la división, el mayor Yaskevycz, que entrenara a sus hombres para que mintieran al ser interrogados para la repatriación soviética y que insistieran en que fueron obligados a luchar junto a los nazis, negando rotundamente ser voluntarios.


A causa también del temor británico a que una mejora en las relaciones entre Italia y la Unión Soviética resultara en la repatriación, el 1 de abril de 1947 se tomó decisión de trasladar a 8.000 miembros de la División Galicia a Gran Bretaña.

Los documentos del British Home Office desclasificados en 2005 revelan al detalle los pasos de las autoridades gubernamentales para conseguir otorgar la ciudadanía y empleo a los miembros de la División Galicia. Fue un proceso fuertemente apoyado por políticos de origen ucraniano como Gordon Bohdan Panchuk, diputado canadiense que presionó duramente a Gran Bretaña para que ejerciera “comprensión y acción favorable” hacia los miembros de la División. Panchuk amenazó a las autoridades británicas con una reacción negativa de las comunidades ucranianas en Canadá y Gran Bretaña en caso de maltrato o que se planteara la repatriación de los soldados.

Los documentos muestran también el conocimiento del perfil de los hombres de la División Galicia. Era perfectamente conocido que el expediente de guerra de estos soldados era “malo y es previsible que aparezcan dificultades si son empleados junto a polacos”. Pese a todo, la correspondencia muestra una tendencia a ignorar la reciente historia de la División Galicia y su papel en las Waffen-SS. Hay, sin embargo, notables objeciones de empleados del Home Office asignados a esta tarea, incluyendo a Beryl Hughes, que lo describe que era “difícil de comprender la actitud del Ministerio de Trabajo ante estos prisioneros de guerra. Atragantarse con una mosca como la OLP mientras se está dispuesto a tragarse un camello de grandes dimensiones en forma de 4.000 reconocidos voluntarios de la Wehrmacht me parece rozar el absurdo… No puedo evitar tener serias dudas sobre su intento de introducir a los prisioneros de guerra ucranianos en el mercado laboral como un grupo más de EVWs” [European Volunteer Workers o trabajadores voluntarios europeos].

Otro empleado del Home Office de nombre F.L.F Devey se refirió estatus de Personal Enemigo Entregado (Surrendered Enemy Personnel o SEP) que inicialmente permitió el internamiento en Italia y que ignoraba el verdadero estatus de prisioneros de guerra.

Otro aspecto de interés presente en estos documentos, especialmente en las peticiones del diputado canadiense Panchuk, es la exigencia de compasión por los hombres de la División Galicia por haber luchado contra Rusia y contra los comunistas en lugar de contra los “aliados occidentales”. Esta será también la lógica utilizada por la CIA años después con operativos de alto rango como Harry Rositzke para explicar que, antes y durante la Guerra Fría, cualquiera podía ser considerado un aliado “siempre que fuera anticomunista…no había que mirar sus expedientes en detalle”.

Aunque se hubiera producido algún intento de investigar al detalle los expedientes de los soldados de la División Galicia, el Gobierno británico ya había tomado medidas para ocultar el oscuro pasado de esos hombres. El doctor Stephen Ankier, farmacólogo que se convirtió en investigador del Holocausto, resaltó la importancia de la “lista de Rímini”. Se trataba de un documento clasificado que impedía seguir la pista de los miembros de la División trasladados a Gran Bretaña y bloqueaba además posibles intentos de “hacerles algo, pese a la sospecha de que había criminales de guerra entre el grupo que vivía en Gran Bretaña”. Una de las ventajas de la lista de Rímini era que el Gobierno británico podría ocultar las identidades de esos antiguos miembros de la División Waffen SS-Galicia que posteriormente se unieran al MI6 o al ejército británico para ayudar en la campaña anti-soviética.


Una investigación del exdiputado británico Rupert Allison reveló que un número importante de miembros de la división fue trasladado a la RNAS Royal Naval Air Station ‒ed.] de Crail, en Escocia, para ayudar a enseñar la lengua rusa a los reclutas de la inteligencia británica. Además, Allason también declaró ante el Parlamento británico en 1990 que había “obtenido pruebas de quienes habían servid allí y habían aprendido ruso de personas que abiertamente se jactaban de las atrocidades que habían cometido
…Todo eso era conocido por los reclutas que se preparaban para servir en los servicios de inteligencia de la misma forma que debían ser conocidos por el Gobierno británico en los años posteriores”.


Pese todas las pruebas, que según numerosas fuentes habían estado disponibles para las autoridades británicas durante años, no se tomó ninguna medida y nunca ha habido reconocimiento oficial del papel de Gran Bretaña para proteger de la justicia a miles de criminales de guerra. Pero lo más sorprendente es que la disposición a aceptar la llegada de criminales de guerra a Gran Bretaña en la época de la Segunda Guerra Mundial no se limitó a esos 8.000 fascistas ucranianos sino que se extendió la protección a un número significativo de soldados del Eje. Los historiadores británicos Andrew Thompson y David Cesarani han demostrado con sus investigaciones que “criminales de guerra de una buena cantidad de nacionalidades llegaron a Gran Bretaña” a través de programas para los trabajadores de posguerra e iniciativas de reasentamiento de quienes trataban de evitar ser repatriados a territorios soviéticos.

En vista de esta información, la lógica del actual apoyo occidental al fascismo ucraniano se hace más clara, especialmente en el contexto de la actual histeria de odio a Rusia, fuertemente basada en la retórica anti-soviética de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes de políticos británicos y estadounidenses abrazando a los defensores del pasado fascista ucraniano sorprendieron al principio, pero ahora pueden verse como la progresión de una tradición de varias décadas que traiciona a los verdaderos héroes y a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.



FUENTE: SLAVYANGRAD

https://slavyangrad.es/2016/11/22/el-gobierno-britanico-y-la-division-galicia/#more-9309

viernes, 2 de diciembre de 2016

¿Murió Fidel?. (Por Atilio A. Boron)







En una muestra más de su inconmensurable estupidez la derecha latinoamericana y su homóloga norteamericana han proclamado que la muerte de Fidel significa el fin de una época. Sabemos que una de las señas ideológicas del pensamiento conservador, en todas sus variantes y en todo tiempo, es su obsesión por decretar “el fin” de cuanto proceso o institución les sean adversos. En los sesentas del siglo pasado era el fin de las ideologías; en los ochentas el de la lucha de clases, presuntamente sustituida, en este fantasioso relato, por el aceitado rodaje institucional de las nuevas democracias; en los noventas, embriagados por la desintegración de la Unión Soviética, sus teóricos proclaman nada menos que el fin de la historia. Por supuesto, esta no tardó en cobrarse una feroz revancha con tan osados publicistas, bañándolos con un manto de descrédito que dura hasta hoy. Ahora, con la muerte de Fidel, incurren en el mismo error y se desviven en informarnos de que una etapa ha llegado a su fin – ¿la etapa de las revoluciones?- sin ofrecer prueba alguna y sin decirnos cuál es la que comienza ni que características tendría.

Lo anterior da pie a múltiples reflexiones. En primer lugar, para cuestionar la teoría de los “grandes hombres” como excluyentes hacedores de la historia, codificada a mediados del siglo diecinueve en la obra de Thomas Carlyle. Toda la historiografía posterior demuestra que esas grandes personalidades, cuyo papel es indiscutible, sólo pueden surgir cuando se produce una constelación de circunstancias sociales que favorecen su irrupción en el escenario histórico. Esas condiciones ciertamente facilitaron la aparición de Fidel a comienzos de los años cincuentas pero este, a su vez, las fue modificando al punto tal que hoy en Cuba existen otras que garantizan la continuación del ciclo iniciado con el Asalto al Moncada y el desembarco del Granma, al margen ya de la presencia física del Comandante. En otras palabras, la revolución se ha consolidado e institucionalizado y, en términos de Max Weber, el carisma se ha rutinizado y ahora son el partido, las organizaciones populares y las instituciones estatales las que continúan la obra iniciada por Fidel.

Segundo, lo que el discurso de la derecha olvida es que hay ciertos personajes históricos, y ciertamente Fidel es uno de los más importantes, que tienen la rara virtud de seguir produciendo hechos políticos una vez que dejaron este mundo. Esto no tiene nada que ver con la religión o la metafísica porque son cuestiones de fácil comprobación en el mundo real. Veamos: a pesar de su defunción Fidel sigue moviendo el tablero geopolítico mundial. La noche del Martes 29 de Noviembre, en el imponente acto de masas en la Plaza de la Revolución que tuvo lugar para despedir a Fidel de La Habana, se dieron cita más de un centenar de jefes de estado y de gobierno, o de altos representantes oficiales que se hicieron presentes para expresar sus condolencias pero, al mismo tiempo, para manifestar explícitamente su solidaridad con la Cuba revolucionaria. Es más, diecisiete de ellos solicitaron que se les diera la ocasión de hablar en el acto, de declarar públicamente su respeto por esa figura legendaria que acababa de partir y de dar a conocer su respaldo a la obra construida por Fidel. En esa oportunidad estuvieron presentes dos de los tres gobiernos de mayor gravitación en los asuntos mundiales: China envió a su Vicepresidente y Rusia al presidente de la Duna Estatal. Carcomida por su resentimiento, la Casa Blanca no mandó a nadie. No sólo eso: su bandera sigue flameando al tope del asta, contrariando lo que hicieron todas las demás embajadas en La Habana que, en homenaje a Fidel, acataron el duelo decretado por el gobierno cubano y pusieron las suyas a media asta. En el acto del martes pasado China y Rusia enviaron, al pie del monumento a José Martí, un mensaje cifrado a Donald Trump: “¡Ten cuidado. No te equivoques. Cuba no está sola!” , y vaya si es importante este mensaje en vísperas de un gobierno como el que se viene en Washington. Pero aparte de aquellos dos países otros actores, con diversos grados de gravitación en la política internacional también estuvieron en ese acto: Sudáfrica, Irán, Argelia, Qatar, Vietnam, Bielorusia, Namibia y, por Europa, Grecia, amén de los latinoamericanos y caribeños: Bolivia, Dominica, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua y Venezuela. En otras palabras, aún después de muerto Fidel sigue influyendo en el tablero geopolítico mundial. Y, ¿qué dudas cabe?, lo seguirá haciendo en los años venideros.

Tercero: la izquierda no tiene a su disposición el fenomenal arsenal de empresas, instituciones, universidades, “tanques de pensamiento”, medios de comunicación y redes diplomáticas con que cuenta la derecha. Pero, en cambio, tiene algo de lo cual esta carece: la fuerza moral que brota de figuras ejemplares, como Fidel, Chávez, el Che, los dos Camilos (el cubano Cienfuegos y el colombiano Torres) y tantos otros. Y esos personajes tienen una virtud excepcional: lejos de que sus luces se extingan con su muerte, brillan cada vez con más fuerza en el firmamento político latinoamericano y caribeño. En la segunda mitad del siglo veinte la derecha tuvo un puñado de grandes políticos de proyección mundial: De Gaulle, Churchill, Kennedy para nombrar los más relevantes. ¿Qué queda de ellos? Estatuas, monumentos, alguna que otra biblioteca con sus nombres pero nada más. Su recuerdo se fue disipando con el paso del tiempo. En Nuestra América, ¿quién se acuerda hoy de dos gobernantes a los que Washington ensalzó como las “alternativas democráticas” de la Revolución Cubana? Hablamos de Eduardo Frei Montalva, en Chile, con su famosa (y decepcionante) “revolución en libertad”, misma que, como era de esperar, fracasó y abrió las puertas al triunfo de Salvador Allende en 1970. Y también de Luis Muñoz Marín, gobernador de Puerto Rico, que la Casa Blanca exhibía para demostrar que podía haber algo mucho mejor que Cuba en el Caribe. Ni el uno ni el otro dejaron nada a su paso y fracasaron sin atenuantes. Parafraseando a Fidel, podemos afirmar que la historia no los absolvió sino que los olvidó. 

El Che, en cambio, adquirió luego de su muerte una gravitación excepcional, que no cesa de crecer, superior a la que tuvo en vida. Quienquiera que luche contra la injusticia y la opresión encuentra en la imagen del Guerrillero Heroico un símbolo que transmite sin ambigüedad alguna su mensaje de rebeldía. En Latinoamérica pero también en Asia, África, Medio Oriente y, también en Europa y ahora, de a poco, en Estados Unidos. Y lo mismo está ocurriendo con Chávez y, sin ninguna duda, idéntica cosa ocurrirá con Fidel. Nuestros muertos nos dejan un legado imperecedero y sus valores y sus ideas –las famosas trincheras que para Martí eran más importantes que las de piedra- son fecundas fuentes de inspiración para las luchas de hoy. Fidel, con su pasión quijotesca de “soñar sueños imposibles, luchar contra enemigos imbatibles y alcanzar la estrella inalcanzable” seguirá estando más presente que nunca en las luchas para abolir al capitalismo y, de ese modo, salvar la continuidad de la especie humana. Vivirá entre nosotros, sólo que de otra manera, insuflándonos la fe y la convicción necesarias para librar con éxito la batalla contra la dictadura del capital. Esa fe y esa convicción con las cuales Fidel emprendió con éxito la campaña en Sierra Maestra luego del desembarco del Granma con apenas siete fusiles ante la mirada azorada de sus compañeros; o cuando aseguró que Cuba sobreviviría a los horrores del “período especial” agigantados por el criminal bloqueo de Estados Unidos; o cuando dijo que el niño Elián volvería a Cuba, y volvió; o cuando afirmó que “los 5” volverían a Cuba, y volvieron. Ese gramsciano optimismo de la voluntad capaz de mover montañas de Fidel sigue siendo un patrimonio decisivo para la izquierda mundial. Y nos dio una prueba la noche en que el pueblo habanero lo despedía y removió, en beneficio de Cuba y para sorpresa de Estados Unidos, las piezas del tablero geopolítico mundial. Por eso, cabe preguntarse: ¿murió Fidel?


FUENTE: TELESUR BLOGS