domingo, 28 de agosto de 2016
miércoles, 24 de agosto de 2016
NUEVAS REVELACIONES SOBRE EL ASESINATO DE ALDO MORO
Un representante norteamericano ha manifestado que jugó un papel esencial en el destino de Aldo Moro, el primer ministro italiano asesinado por terroristas en 1978. Steve Pieczenik, un gestor de crisis internacionales y negociador de secuestros en el Departamento de Estado, afirmó que Moro fue “sacrificado” por la “estabilidad” de Italia.
En un reciente libro titulado “We killed Aldo Moro”, Pieczenik dijo haber sido enviado a Italia por el presidente Carter el día que Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas, grupo terrorista de extrema izquierda. Moro había sido primer ministro durante mas 5 años entre 1963 y 1975, y fue capturado a punta de pistola en Roma.Se dirigía al Parlamento, para una votación crucial sobre una alianza insólita que había propuesto entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista de Italia. Esa alianza enfureció a ambas bandas del espectro político italiano, perturbando también a Moscú y Washington. La viuda de Moro, Eleonora, manifestaría posteriormente que Henry Kissinger había amenazado a su marido sobre esa estrategia: “Pagará eso con la vida”, es la frase que se le atribuye.
Pieczenik dijo formar parte de un “comité de crisis” encabezado por Francesco Cossiga, el entonces ministro de Interior. Moro estuvo retenido durante 54 días. Según Pieczenik, el comité se puso en marcha por el temor de que Moro revelara secretos de Estado en un intento de ser liberado.
Un falso comunicado, atribuido a las Brigadas Rojas, fue filtrado, afirmando que Moro estaba muerto. Pieczenik afirma que esto tenía un doble propósito: preparar a los italianos para lo peor, y hacer saber a las Brigadas Rojas que el Estado no negociaría sobre Moro, y que le consideraban ya muerto.
Al mes siguiente, Moro fue tiroteado y su cadáver colocado en el maletero de un coche en el centro de Roma, entre las sedes del Partido Comunista y la Democracia Cristiana. En un documental para la televisión francesa, Cossiga admitió que el comité había tomado la decisión de publicar aquel falso comunicado.
FUENTE: https://diario-octubre.com/?p=36753
martes, 23 de agosto de 2016
IZQUIERDA LATINOAMERICANA EVALÚA RESPUESTA A SITUACIÓN REGIONAL
En
el encuentro se evaluará el establecimiento de un proyecto político
común que incluya la defensa de la soberanía y los recursos naturales.
Una veintena de
partidos comunistas y revolucionarios de América Latina se reúnen el
viernes próximo en la capital de Perú para evaluar durante tres días una
respuesta conjunta a la compleja situación latinoamericana.
El encuentro se realiza con el propósito de analizar experiencias, avances y retrocesos de los gobiernos progresistas y la unidad regional, según informó secretario general del Partido Comunista Peruano (PCP), Roberto de la Cruz.
Asimismo, evaluará establecer un proyecto político común que incluya la defensa de la soberanía y los recursos naturales de AL, que planteen además procesos de democratización con la participación del pueblo y el cuidado del ambiente.
De la Cruz resaltó la importancia de enfrentar la contraofensiva del imperialismo norteamericano contra los proceso revolucionarios y de izquierda y de construir un programa común.
"América Latina vive momentos cargados de grandes expectativas pero también de graves amenazas (...) La contraofensiva del imperialismo le está permitiendo éxitos parciales que quisieran (la derecha) fueran duraderos, como el retorno de Argentina y Brasil a políticas neoliberales y que quisieran extender a Venezuela, la patria de Bolívar, y al resto de países que han salido de su área de influencia", señaló.
A la cita acudirán representantes del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Alianza País de Ecuador, Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, Frente Amplio de Uruguay, entre otros.
EL DATO: La cita es convocada por las fracciones Comunistas del Perú - Patria Roja y Comunista Peruano, por iniciativa surgida en una reunión de partidos de izquierda realizada en mayo pasado, en Buenos Aires.
Una de las actividades más destacadas del programa del encuentro será un homenaje a los 90 años del líder histórico cubano Fidel Castro, cumplidos el pasado día 13.
FUENTE: TELESUR
lunes, 22 de agosto de 2016
GEORGE SOROS JUGÓ PAPEL EN EL GOLPE DE ESTADO DE UCRANIA
Un nuevo documento revela que la Fundación para una
Sociedad Abierta del multimillonario estadounidense George Soros
desempeñó un rol clave en la crisis de Ucrania.
Según ha informado este domingo la agencia rusa de noticias Sputniknews, uno de los más de 2500 documentos de la fundación, filtrados por el sitio Web DC Leaks,
muestra el excesivo poder y la desmedida autoridad que el
multimillonario de origen húngaro ejercía en Ucrania durante el período
inmediatamente posterior al golpe parlamentario contra el entonces
presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich en febrero de 2014.Al mismo tiempo, indica que Soros, junto con los principales ejecutivos de la fundación, mantuvo extensas reuniones con casi todos los actores involucrados en los acontecimientos de la emblemática plaza de Maidán, sita en el centro de Kiev (capital ucraniana).
Entre esas personas, añade la fuente, estaban los ministros ucranianos de Asuntos Exteriores, Justicia, Salud y Educación, así como el embajador estadounidense en Ucrania, Geoffrey R. Pyatt, y el director regional de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, los documentos excluyen a Victoria Nuland, subsecretaria de Estado estadounidense para Asuntos Europeos, quien habría estado encargada de dirigir a la oposición contra el Gobierno de Yanukóvich.
Los encuentros se centraron en los planes para minimizar y contrarrestar la influencia rusa y los lazos culturales Moscú-Kiev con un enfoque hacia las reformas sociales y económicas que favorecían a Soros.
Rusia y el Occidente experimentan tensas relaciones a niveles jamás vistos desde la Guerra Fría a raíz de la reunificación en 2014 de la península de Crimea a la Federación Rusa y el conflicto en el este de Ucrania.
Desde entonces, ambas partes se han impuesto mutuamente varias rondas de sanciones. Rusia que denuncia la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia sus fronteras occidentales, lamenta que la Unión Europea (UE) imite a ciegas a EE.UU., ignorando sus propios intereses.
ftn/ctl/msf
FUENTE:HISPAN TV
jueves, 18 de agosto de 2016
PAPPÉ : ''EL SIONISMO FUE CONSTRUIDO MEDIANTE LA EXPROPIACIÓN DE TIERRA'' -PARTE 1
Ilan Pappé es un intelectual e historiador israelí, autor de una vasta obra en la cual denuncia al sionismo y la represión constante del Estado de Israel contra el pueblo palestino. En la actualidad es profesor de historia en la Universidad de Exeter, Reino Unido, luego de ser expulsado dela Universidad de Haifa debido a su postura crítica y sus reveladoras investigaciones.
Ilan, su libro más reciente, escrito con Noam Chomsky y titulado: Sobre Palestina, ofrece un interesante contraste entre las viejas y las nuevas perspectivas de la izquierda sobre la cuestión de Palestina, entre el pensamiento de dos generaciones sobre esta cuestión. Uno de los contrastes más marcados es la cuestión fundamental de la llamada solución de dos Estados: gran parte de la izquierda liberal –siguiendo los pasos de la venerada ‘eminencia gris’ de la izquierda estadounidense, Noam Chomsky– básicamente abandona el principio ético de la igualdad de derechos para todos en nombre del pragmatismo. Usted habla de una vieja conversación versus una nueva conversación, y de un cambio de paradigma. Háblenos un poco más sobre esto.
-La idea surgió porque cada vez que viajo fuera de Palestina y hablo con la gente, las personas tienen dudas acerca de estas ideas de dos estados, un estado, y me dicen: “Usted sabe que es el pueblo mismo el que tiene que decidir. No es nuestro papel fuera de Palestina o fuera del contexto palestino o israelí, dar consejos a las personas sobre cuál solución es correcta o equivocada”. Y yo por lo general respondo –y esa es la cuestión que planteo en el libro– que no es sólo cuestión de si uno apoya una u otra solución; el aspecto más importante de esto es: ¿entiendes las implicaciones que tiene el paradigma de la solución de dos Estados? Porque de lo contrario uno se enreda en preguntas: ¿Es eso posible? ¿Es viable un solo Estado? Y para mí eso no es lo que está en discusión, todavía.
El debate principal es qué se esconde detrás de la idea de la solución de dos Estados. Lo que está detrás de la solución de dos Estados es este concepto: si el movimiento nacional judío y el movimiento nacional palestino llegaron más o menos al mismo tiempo al mismo lugar, y no fueron capaces de resolver la cuestión de a quién pertenece la tierra, y no fueron capaces de reconciliarse, lo que se necesitaba era una suerte de hermano mayor –en la forma de Estados Unidos y Gran Bretaña– que ayudara a estas dos partes a reconciliarse sobre la base de un enfoque yanqui de tipo empresarial, donde se divide la tierra, se divide la responsabilidad, y etc. Y esa es una manera muy equivocada de leer toda la historia de Palestina desde la llegada del movimiento sionista a finales del siglo XIX hasta la actualidad.
Esto no es un conflicto entre dos movimientos nacionales que luchan por el mismo pedazo de tierra. Se trata de la lucha entre un movimiento colonialista de asentamiento que llegó a fines del siglo XIX a Palestina y todavía intenta hoy colonizarla haciéndose de la mayor parte de la tierra con la menor cantidad de población nativa posible. Y la lucha de la población nativa es una lucha anticolonialista. Hay que ir a cualquiera de los estudios de caso históricos de un movimiento anticolonialista luchando contra una potencia colonialista y preguntarse: ¿en algún momento la idea de dividir la tierra entre el colonizador y el colonizado se presentó como solución razonable? Sobre todo para las personas que eran de izquierda o se consideraban a sí mismas como miembros conscientes de la sociedad. Y la respuesta es un rotundo no; por supuesto que nadie admitiría la división de Argelia entre los colonos franceses y los nativos argelinos.
E incluso en lugares en los que hubo colonialismo de asentamientos, es decir, en los que la población blanca en cierto modo no tenía adónde ir, como en Sudáfrica: si una persona progresista sugiriera hoy que había que dividir el territorio de Sudáfrica entre la población blanca y la población africana, sería considerada demente en el mejor de los casos, y en el peor, hipócrita y fascista. Esta lógica, que es tan clara para mucha gente en cualquier otro lugar del mundo, de alguna manera no funciona en el caso de Palestina. Y por eso es tan importante para mí explicar que parte del problema es lo que yo llamo la vieja ortodoxia, el viejo lenguaje que utilizamos, incluso las personas progresistas que apoyan al pueblo palestino. El discurso de los dos Estados en realidad es un lenguaje que no describe adecuadamente la realidad sobre el terreno en Palestina.
-Un problema fundamental que usted plantea es que, a diferencia de la lucha sudafricana, donde los opositores al apartheid no tenían ningún reparo en oponerse a la ideología de apartheid, una gran parte del movimiento de solidaridad con Palestina no se atreve a denunciar la naturaleza del sionismo. Y cuando eso ocurre se lo considera o se lo llama antisemitismo. Comente más por qué esa es una falla fundamental del movimiento.
-Sí, sin duda. Éste es un ejemplo importante. Está conectado con otro término –tal vez vamos a volver sobre esto en la charla–, y es que en vez de hablar de la solución de un Estado, yo sugiero hablar del cambio de régimen.
-Sí, sí. Hemos hablado de eso.
-Los dos están conectados en el sentido de que cuando se analiza la situación en Palestina, cuando nos preguntamos por qué la población palestina fue expulsada masivamente en 1948, por qué a las y los palestinos en Israel se les puso bajo régimen militar entre 1948 y 1967, por qué ese régimen militar fue trasladado desde Israel a Cisjordania yla Franjade Gaza ocupadas en 1967, por qué los beduinos en el sur de Israel y las poblaciones palestinas en el norte de Israel, al igual que los que viven en Jerusalén, están sometidas a una política de expropiación de la tierra y de estricto control en los lugares donde viven, y por supuesto la pregunta: ¿por qué Israel se niega a permitir que los refugiados regresen, e impone un sitio tan inhumano a Gaza?; cuando nos hacemos todas estas preguntas y buscamos la respuesta, sabemos ahora –mejor de lo que sabíamos antes– que la razón de todo esto es ideológica: es la ideología sionista.
Todas estas políticas son tácticas que tratan de conservar la tierra de Palestina como parte de Israel sin considerar demográficamente a las y los palestinos como parte de los ciudadanos y ciudadanas de esa tierra. Y esta idea de segregar los derechos de las personas nos es familiar. Ahora bien, eso es una ideología; no es una respuesta táctica a un problema, ni es sólo una política. Ni siquiera es una estrategia. Es la visión sionista, compartida por todos los partidos sionistas. Y es el principal y casi el único obstáculo para la paz y la reconciliación en Israel y Palestina. No abordarlo, y sólo hacer frente a las políticas israelíes aquí o allá, sería similar a abordar ciertas políticas de Sudáfrica durante el apogeo del Apartheid sin tocar en absoluto al apartheid. Y esto, por supuesto, se complica aún más.
No sólo los políticos y los medios de comunicación y el mundo académico se niegan a reconocer que la razón principal de la inhumanidad que campea en Palestina desde el siglo pasado es la ideología sionista; no sólo lo ignoran, sino que acusan a cualquiera que no lo haga de ser antisemita. Como si quienes condenaban al apartheid como ideología durante el apogeo de ese régimen nefasto hubieran sido acusados de ser anti-cristianos. Como te habrás dado cuenta en el libro, estoy aún más perplejo porque amplios sectores en el mundo occidental que por fin entienden esto, están siendo condenados por antisemitas por sus propias élites políticas; a pesar de que, por cierto, muchas de esas personas son judías.
-Bueno, entonces son “judíos que se odian a sí mismos” (risas). Así que no se puede escapar del estigma.
-No. De hecho, es un fenómeno que si uno lo mira con ojos fríos, es una locura. Es realmente una locura que, por ejemplo, cuando activistas judíos progresistas de Estados Unidos –que estuvieron en la vanguardia de la lucha por los derechos civiles en la década de 1960, que iniciaron el movimiento de solidaridad contra el apartheid en Sudáfrica, que se opusieron al imperialismo en Vietnam, en Chile, en otros lugares– aplican el paradigma universal de los derechos humanos a Israel, se les acuse de ser judíos que se odian a sí mismos; esto demuestra que se trata de algo anormal. Y eso sólo se puede hacer mediante la intimidación, el lobby, la presión y probablemente una buena dosis de islamofobia. De lo contrario, es muy difícil explicar lógicamente por qué esta manera tan humana y normal de analizar la situación es tratada así.
-En su libro, Sobre Palestina, en coautoría con Noam Chomsky, usted habla del término “ortodoxia de la paz”, al que considera como una tendencia más racista que pragmática. Usted llega a decir que entre los defensores de la solución de dos estados “el diccionario de la ortodoxia de la paz surgió de la creencia casi religiosa en la solución de dos estados. Y eso viene directamente de una versión temporal de 1984 de Orwell”.
-Sí. Es una neolengua. Quiero decir, aquí estoy usando a Orwell en su referencia a la neolengua, ese tipo de lenguaje que no sólo nos impide llamar al pan, pan, sino que designa exactamente lo contrario. Por lo general, una realidad cruel se describe como algo benévolo en la neolengua de Orwell. Y creo que lo mismo pasa con ciertos términos que para mí son sagrados: “paz”, “justicia”, “reconciliación” son tres de las palabras más sagradas en nuestro vocabulario como seres humanos. Ellas realmente representan la forma más alta del anhelo humano de vivir en paz unos con otros, de vivir en una sociedad mejor. Ahora, utilizar estas palabras con el fin de encubrir un proceso que en los hechos logra exactamente lo contrario –en lugar de la reconciliación, siembra más división, animosidad y odio; en lugar de paz, crea la guerra; y en lugar de justicia, mantiene un sistema de apartheid–; usar estas palabras como un escudo protector para describir una realidad que es exactamente lo contrario de lo que significan, eso para mí es incluso peor que el racismo. Es una especie de pesadilla orwelliana que tengo cuando la gente empieza a usar las palabras de esa manera.
Creo que lo que pasó –y yo trato de describirlo en la introducción al libro– es que la idea de los dos estados comenzó como una estratagema israelí sionista después de 1967 para conciliar un problema muy simple: habían expulsado a millones de palestinas y palestinos en 1948, pero debido a su apetito territorial, querían tomar las partes de Palestina que no habían ocupado en 1948 (Cisjordania yla Franjade Gaza); pero con el territorio llegó otro millón y medio de población palestina (hoy en día tres millones). Para conciliar el hecho de que ahora tienen la totalidad de la tierra, pero enfrentan lo que para el movimiento sionista es una pesadilla demográfica, uno de los medios que han utilizado es el proceso de paz.
El proceso de paz fue utilizado por los israelíes como una especie de mensaje para decirle al mundo: “Como pueden ver, ahora le estamos negando a los palestinos en los territorios ocupados todos los derechos humanos y civiles fundamentales. Como pueden ver, estamos expropiándoles sus tierras, estamos construyendo asentamientos judíos en ellas, estamos expulsándoles masivamente y encarcelándoles incluso por atreverse a izar la bandera palestina. Pero todo esto es temporal, por supuesto; cuando llegue la paz, se eliminarán todas estas medidas”.
Por supuesto, se puede entender por qué las personas de izquierda en Occidente sucumbieron a esta explicación después de cinco o de 10 años de ocupación. Todavía se puede entender por qué podrían seguir teniendo esperanza de que los israelíes fueran sinceros, o de que el mundo tiene el poder de obligar a Israel a serlo. Pero después de casi 50 años, aferrarse a esta idea –que es una estratagema israelí para profundizar la colonización de las zonas que ocuparon en 1967 y para eliminar cualquier posibilidad de negociar las zonas que ocuparon en 1948, o el retorno de las y los refugiados– es ser realmente muy rígido y dogmático en la percepción de la realidad. Se podría haber esperado que las voces críticas de las izquierdas estadounidense y europea estuvieran un poco más alertas a la clase de trampa que Israel muy hábilmente les ha puesto.
FUENTE: http://www.diariosiriolibanes.com.ar/Opinion/Tribuna-y-debate/Papp%C3%A9-%E2%80%9CEl-sionismo-fue-construido-mediante-la-expropiaci%C3%B3n-de-tierras%E2%80%9D-Pt.-1
martes, 16 de agosto de 2016
EL NÚCLEO DE LA DOCTRINA DEL IMPERIO SON EL TERRORISMO Y LAS MASACRES
El
6 y el 9 de agosto se cumplieron dos nuevos aniversarios de dos
terribles masacres cometidas por EE.UU.: el bombardeo atómico de
Hiroshima y Nagasaki.Recordar estos crímenes constituye una buena ocasión para reflexionar sobre la doctrina militar del Imperialismo.
“Supongo que si hubiésemos perdido la guerra, hubiese sido juzgado como un criminal de guerra...”
Curtis Emerson LeMay, General de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
El 6 de agosto de 1945, hace 71 años, explotaba la primera bomba atómica sobre una ciudad. Tres días más tarde, otra bomba atómica explotaba sobre una segunda población. El autor de estas masacres, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki: Estados Unidos.
Esta no sería ni la primera ni la última vez que los imperialistas modernos realizarían crímenes en tan gran escala. Y, de hecho, estas dos mega-masacres están relativamente legitimadas en el sentido común de las grandes masas, constituido en gran parte con las mentiras y los mitos imperiales. “Que si no se hacía eso, Japón no se rendía”; “que se salvaron así muchas vidas”… etc., etc., son los clishés más escuchados en general. Todas mentiras, alucinantes mentiras difundidas por el aparato de propaganda occidental.
La parte fundamental de la doctrina militar del Imperio está constituida por las masacres y el terrorismo. Eso es todo. Nada de honor. El honor es incompatible con el Imperio contemporáneo, si es que alguna vez lo fue. Y mucho menos el honor militar. Quien es cabal no hace propaganda de sus buenas acciones. En todo caso sólo habla de ellas como necesaria autodefensa ante la difamación, y como Verdad Histórica, como patrimonio de las nuevas generaciones. La grandilocuencia, la propaganda en el sentido proselitista, es una necesidad de los mentirosos para poder sostener sus mitos. Por eso los rusos y los chinos y los norcoreanos y los cubanos y los vietnamitas y los iraníes, y etc., etc., no tienen una profusa producción espectacular de propaganda de su heroísmo como pueblos, que es verdadero y real, a diferencia del de los imperialistas, que no es más que un cuento de Hollywood. El heroísmo de esos pueblos habla por sí mismo. Pero como sí puede haber mucha forma sin contenido, el de las naciones imperialistas es invento, sobredimensión de alguna que otra hazaña de sus huestes para encubrir el núcleo constitutivo de su doctrina, que es oprobiosa, cobarde y artera.
Pero para demostrar esto que estoy afirmando no necesitaré hacerlo solamente desde una investigación histórica sino también, y principalmente, razonando sobre la filosofía política del fenómeno imperialista, lo que nos llevará a la conclusión de que las masacres y el terrorismo no son “accidentes”, “excesos”, “errores”, en la forma de hacer la guerra del Imperio, sino que son, precisamente, la esencia de su doctrina militar.
Filosofía política
Podemos denominar de muchas maneras la dualidad dialéctica de lo moral: el Bien y el Mal, obreros y parásitos, trabajadores y capitalistas, nacionalistas e imperialistas, o justicieros y abusadores… Ésta última es para mí una de las maneras más apropiadas de sintetizar la disyuntiva moral de cualquier sujeto político, tanto en el plano individual como colectivo: luchar por la justicia o ser parte del ejercicio de la injusticia, que es el abuso del poder (entendido el concepto de poder en un sentido amplio, no solamente estatal). O sea, ser un justiciero, un protagonista de la lucha por el Bien Común, o ser un abusador, un execrable oportunista al acecho de necesidades, debilidades y débiles, para sacar provecho de ello.
En este sentido ¿Qué es un capitalista? Es la expresión característica del abuso sobre los trabajadores y el pueblo. Y esto es así porque siendo los trabajadores los únicos sujetos políticos de la producción (en tanto capaces, a diferencia de las máquinas, de desplegar ejecución y conducción de manera multidimensional y social, y de intervenir en la lucha en torno de cómo es la organización social de producción), son éstos los sujetos últimos, o primeros (según desde dónde lo miremos), de la creación de valor en la economía (recordemos que el valor objetivo de una mercancía viene definido por el tiempo socialmente necesario para producirla). El capitalista es la personalización del fenómeno categorizado como Capital. El Capital es trabajo acumulado, trabajo acumulado que tiene sus promotores, sus propietarios fraccionales, que luchan, movidos por la codicia, para expropiar a los trabajadores la mayor cantidad posible del valor creado con su actividad productiva. El capitalista, en síntesis, es un abusador, un sujeto “entrenado”, día a día, en el abuso, en la codicia, en el vampirismo. Su moral, entonces, es el abuso, el ventajismo (ya en la época de Cristo, donde el capitalismo aún no existía como sistema social, entre sus mayores enemigos se encontraban “los mercaderes del templo”).
La competencia entre las diferentes fracciones capitalistas en su lucha por imponerse exacerba al máximo esta característica: el mejor capitalista será el que, a iguales medios a disposición, logre abusar mejor de la fuerza de trabajo, acumulando así más capital para su propia fracción. Y la expresión más desarrollada del capitalismo son las corporaciones (donde las diferentes expresiones del Capital, en sentido amplio: financieras, industriales, territoriales, militares, etc., se conglomeran en una determinada estructura propietaria, la que constituye una fracción del total) y, en términos de Estado, el Estado imperialista.
Masacres y Terrorismo
De esta filosofía política, del corpus orgánico del abuso como fórmula de relación social, surge entonces la doctrina militar. Si el fin es la explotación de los trabajadores y el saqueo de los recursos naturales, si el fin es acumular la mayor cantidad de riqueza en pocas manos, mal puede constituirse la estrategia política y militar que actúa como medios de esos fines con otra cosa que nos sean métodos execrables y perversos. ¿Ha existido alguna guerra de conquista que no empleara métodos consistentes con sus fines? ¿Si el fin es dominar y arrebatar lo de otro, por qué el invasor se privaría de abusar de quienes quiere dominar, si ya el mismo objetivo, dominar y arrebatar, es la base moral de los métodos, la estrategia y la táctica? ¿Quién te agrede para imponerse y dominarte, por qué razón no lo haría de una manera oprobiosa, si oprobioso es su objetivo? Vemos cómo medios y fines se relacionan en una misma concepción, en un mismo tipo característico de relación social: el imperialismo. Al ultraje de la explotación del hombre por el hombre se corresponderá necesariamente la masacre y el terrorismo en el plano militar, y la política de bandera falsa como toda política.
Algunos ejemplos
Esto se comprueba en cada una de las guerras en las que Estados Unidos intervino. Si, por ejemplo, tomamos la “conquista del Oeste”, lejos está de ser la épica que nos muestran las películas yankis. Como sabemos, los Estados Unidos se constituyen como tales a partir de 13 colonias, las famosas 13 colonias, del Este de los Estados Unidos. Esa unidad política y social se fue expandiendo hacia el Oeste. Fue una guerra de conquista donde, indudablemente, los pueblos indígenas libraron una guerra justa, ya que se defendían de la invasión y el exterminio. Hollywood nos muestra al idiota de John Wayne como hombre gallardo, matando “salvajes”. La Verdad Histórica es que la “conquista del Oeste”, tantas veces relatada en las películas de vaqueros, fue un gran pillaje y abuso de los pueblos preexistentes, para robarles sus tierras y recursos. Militarmente, no fue una guerra que los blancos hicieron nada más que contra los guerreros indígenas (hacia los que, por lo demás, tenían una gran superioridad en número y en la tecnología de las armas), como podría suponerse de acuerdo a las actuales reglas formales de la guerra (que establece qué es un crimen de guerra y qué no, y etc.), sino contra los pueblos aborígenes en su conjunto, a los que masacraron sistemáticamente. Niños, mujeres, ancianos, fueron asesinados en ejecuciones masivas y fueron empleadas todas las armas a disposición en aquellos tiempos, inclusive la transmisión intencional de enfermedades como la viruela, a la que propagaron con enseres contaminados. Los pueblos indígenas llevaron adelante una guerra de resistencia donde, cuando hubo treguas y pactos, éstos fueron sucesiva y sistemáticamente traicionados por los colonos.
Los últimos episodios de estas guerras en Norteamérica son quizá, por ser más cercanos, los más documentados, pero todo el proceso de expansión de la dominación del “hombre blanco” está sustentado en torturas, terrorismo, masacres y genocidio.
Como vergonzante epitafio de esas guerras contra los indígenas está la masacre de Wounded Knee, en diciembre de 1890, pocos días después de que fuera vilmente asesinado Toro Sentado, uno de los jefes sioux más legendarios (en 1973, ese mismo lugar sería tomado por un movimiento indígena y dos de sus integrantes serían asesinados por fuerzas federales y, por otra parte, el líder indígena Leonard Peltier es el preso político más antiguo de los EE.UU., llevando casi 40 años detenido). Aquí podemos notar cómo hasta en la sutileza lingüistica encontramos a la mentira infiltrada: en Wikipedia le llaman igual, masacre, a la “masacre de Wounded Knee” y a la “masacre de Fetterman”, cuando en un caso sí fue una masacre (Wounded Knee), donde los estadounidenses asesinaron en su mayoría a ancianos, niños y mujeres indefensos, mientras que en el otro (Fetterman) fue una batalla de los sioux contra el ejército de Estados Unidos, en la que éste fue completamente derrotado y los soldados, o sea, los combatientes, fueron todos asesinados. Los sioux no demostraron ninguna misericordia puesto que poco tiempo antes ese mismo ejército había hecho una terrible masacre en Sand Creek, ésta sí otra masacre que, además, tuvo gran repercusión pública en su momento. Esto expresaba el testimonio de un soldado que estuvo presente en Sand Creek: “Vi los cuerpos tendidos allí, cortados a trozos, con las peores mutilaciones que yo hubiese visto nunca. Las mujeres despedazadas a cuchillo, sus cráneos pelados, sus cerebros al aire. Gente de todas las edades muerta en el suelo, desde bebés hasta guerreros. ¿Que quiénes los mutilaron? Las tropas de los Estados Unidos”. Pero a dos situaciones completamente diferentes desde el punto de vista moral y militar se las llama igual, para ensuciar la memoria de los indígenas y así, sutilmente, dar a entender que son iguales que los criminales estadounidenses. Así envenenan la Historia, permanentemente, los relatores occidentales.
Todas las guerras que ha hecho Estados Unidos, como toda guerra imperialista, son guerras de conquista. México sabe muy bien eso: la mitad de su territorio fue robado por Estados Unidos. Los territorios de los actuales Estados de California, Nevada, Utah, parte de Wyoming, parte de Colorado, Arizona, Nuevo México, Texas, parte de Kansas y parte de Oklahoma, pertenecían a México antes de que los Estados Unidos desataran la guerra para robárselos.
Pero vayamos a una guerra de ultramar, como la Segunda Guerra Mundial. Según los cuentos para niños de Hollywood, la guerra contra los nazis se habría ganado gracias a la intervención de los Estados Unidos. Pero la Verdad Histórica es muy diferente. Si bien es cierto que en situaciones críticas el aporte de una mínima cantidad adicional puede incidir de manera rotunda en su resultado, y en este sentido no hubiera sido lo mismo si los Estados Unidos se abstenía o no de entrar, lo concreto es que la nación norteamericana siempre actuó sólo en favor de sus propios intereses, de manera oportunista y artera, como también lo hizo Europa Occidental, que ayudó a los nazis a hacerse fuertes para que actuaran principalmente como una fuerza anticomunista, en contra la de Unión Soviética. Así, Occidente toleró la anexión de Austria y Checoslovaquia por parte de Hitler, y abandonó a Polonia. Stalin había intentado repetidamente realizar acuerdos con Gran Bretaña y Francia para impedir el expansionismo nazi-fascista, pero fue repetidamente desdeñado. Ante la indiferencia y hostilidad hacia la Unión Soviética y la complicidad hacia Hitler por parte de las “civilizadas” Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos (muchos de cuyos bancos financiaron el ascenso de Hitler), es decir, ante la actitud hipócrita de estos países que, por otra parte, fueron los que impulsaron las guerras contra el naciente Estado Obrero apenas ocurrió la Revolución de Octubre, Stalin se vio obligado a pactar con Hitler sobre el territorio de Polonia, una Polonia que, por otra parte, antes también había rechazado los ofrecimientos de alianza del Kremlin, impidiendo así que la URSS pertrechara a ese país y, al mismo tiempo, pudiera usar de manera transitoria su territorio para adelantar el frente contra Alemania, ante la posibilidad cada vez más real de que Hitler quisiera invadir la URSS. Con el Pacto Molotov-Ribbentrop Stalin supuso que así de alguna manera inmovilizaba a Hitler, visto y considerando la falta de compromiso de Occidente contra Hitler y la hostilidad histórica contra un Estado soviético que en esos tiempos representaba los sueños revolucionarios de los desposeídos del mundo. Lo que el mundo aprendió por enésima vez es que los imperialistas siempre rompen los acuerdos: Hitler atacó a la URSS por sorpresa, traicionando el pacto realizado.
Una vez desatada la agresión contra Rusia, tal como lo relata The Saker en su instructivo artículo “Desmontando clichés populares sobre la guerra moderna”, “el Ejército Rojo acumula no menos del 80 % del total de las pérdidas alemanas (en efectivos y equipo) durante la guerra. Todos los demás, incluyendo los EE.UU. y el Reino Unido, compartieron el exiguo 20% o menos y se unieron a la guerra cuando Hitler estaba ya claramente derrotado. Algunos mencionarán los varios movimientos de resistencia los cuales resistieron a los nazis, a menudo heroicamente. Yo no niego su valor y contribución, pero es importante darse cuenta de que ningún movimiento de resistencia en Europa jamás derrotó a un solo Ejército alemán o División SS (10 a 15 mil hombres). En comparación, en Stalingrado sólo los alemanes perdieron 400.000 soldados, los rumanos 200.000, 130.000 los italianos y los húngaros 120.000 para una pérdida total de 850.000 soldados. En la batalla de Kursk los soviéticos derrotaron a 50 divisiones alemanas contando unos 900.000 soldados”.
Como podemos ver, el peso de la guerra contra Hitler en el teatro europeo, recayó casi completamente en la Unión Soviética.
Pero ignoremos por un momento el oportunismo y el arribismo del rastrero Occidente. Volvamos a los métodos. En este punto comprobaremos cómo la doctrina militar de los imperialistas es totalmente diferente de la doctrina militar de los que hacen una guerra justa, en contra de los opresores. Sea que tomemos a Japón cuando invadió China (ya desde algunos años antes de que se desatara la Segunda Guerra Mundial), sea que tomemos a los alemanes y los franquistas en la Guerra Civil Española, sea que tomemos a los alemanes, a los británicos, los franceses y los estadounidenses en la S.G.M., en todos los casos encontraremos ejemplos de masacres horrorosas, ejemplos que en realidad no respresentan excepciones, sino que constituyen los casos más emblemáticos, los más alevosos, de un modus operandi característico de eśtas aves de rapiña.
Como ejemplo de esto podemos citar la masacre de Nankín, en diciembre de 1937: el Ejército Imperial Japonés, luego de bombardear y tomar Shangai (donde los japoneses usaron gas tóxico), se dirigió a tomar la ciudad de Nakín, que en esos momentos era la capital de China. El “nacionalista” Chiang Kai-Shek (el cipayo al que Mao derrotaría años más tarde), en aquel momento líder de la China reunificada, post-monárquica, evaluó que había que salvar a las tropas de élite del ejército chino, por lo que ordenó que se retiraran de Nankín. La clase dominante china y Chian Kai-Shek, que rechazó la rendición de la ciudad ya prácticamente sitiada por el ejército imperial japonés, también abandonaron la ciudad (actitud muy “valiente” por cierto). Finalmente, la defensa de la ciudad fue derrotada y los japoneses la tomaron, desatando una de las mayores orgías de sangre registradas en la Historia, con ejecuciones de todo tipo, con violaciones en masa, con torturas y aberraciones increíbles... Las más inimaginables atrocidades que cualquier ser humano con un mínimo de integridad moral no podría tolerar, las cometieron las huestes imperiales japonesas en Nankín, sobre todos los habitantes sin excepción, atrocidades que por decoro no se describen pero que, no obstante, resulta necesario transmitir para poder tener cabal dimensión de la criminalidad total de esta gente.
Otro ejemplo es la masacre de Gernika, en abril de 1937, bombardeo ejecutado sobre ese pueblo del País Vasco por las fuerzas de Hitler, que intervinieron al servicio del dictador Francisco Franco en la Guerra Civil Española.
Otro ejemplo es la masacre de Tokio, en marzo de 1945, realizada por los norteamericanos, bombardeo que fue más mortífero que el de las bombas atómicas sobre Hiroshima o Nagasaki. En pocas horas murieron o desparecieron aproximadamente entre 100.000 y 300.000 personas, según la fuente que se tome. En este bombardeo los masacradores usaron toneladas de bombas incendiarias teniendo en cuenta que la mayoría de las construcciones de Tokio de aquella epoca eran de madera. Este tipo de bombardeo provocó “tormentas de fuego”, que fueron pavorosos vientos de aire incandescente, a altísima temperatura, que iban incinerando todo a su paso y que difundían el incendio por toda la ciudad. Este tipo de técnica homicida, y sobre la población civil, no sólo se empleó en Tokio, sino que se empleó en aproximadamente cien poblaciones de Japón, y se había aplicado tiempo antes contra ciudades alemanas, ocasionando centenares de miles de muertos civiles.
Y otro ejemplo es la masacre de Hamburgo, ejecutada entre el 24 de Julio y el 3 de Agosto de 1943. Stalin venía exigiendo a los británicos y yankis que abrieran un segundo frente en el Occidente de Europa para descomprimir la presión sobre la Unión Soviética, que estaba soportando todo el peso de la guerra contra Alemania. Los ingloriosos “aliados” (así les gustaba llamarse a los británicos y los yankis) no le ofrecieron la acción de unidades en tierra, donde intervienen combatientes que toman y aseguran un territorio enfrentando directamente a los combatientes del enemigo, y de esta manera comprometiendo fuerza viva del enemigo, que era lo que Stalin más necesitaba. No, lo que hicieron a cambio fue hostigar las ciudades con bombardeos aéreos, lo que en términos militares es mucha masacre de población civil pero que no ocasiona, en proporción al daño producido, grandes pérdidas para las fuerzas militares enemigas ni tampoco toma y aseguramiento de un territorio (para lo que son necesarias las “botas sobre el terreno”, la infantería). Es así como, en el marco de esa doctrina, se produce la masacre de Hamburgo, que fue una sucesión de oleadas de bombardeos de la Royal Air Force británica y la Air Force (USAAF) estadonidense sobre esa ciudad alemana (y más tarde también sobre otras). A partir de allí los anglosionistas fueron desarrollando la técnica de los bombardeos incendiarios, aplicada para masacrar en masa la población de numerosas ciudades. La reacción militar en el terreno por parte de “los aliados” recién se produciría casi un año más tarde, el 6 de Junio de 1944, en el famoso “día D” del desembarco en Normandía de tropas de EE.UU., Gran Bretaña y Canadá. Ya los rusos habían hecho el trabajo más duro y los oportunistas entonces entendieron que era su momento. Lejos quedaba en el pasado la retirada de cientos de miles de soldados británicos de esos mismos lugares, en 1940, cuando Hitler avanzó y en poco tiempo ocupó toda Francia. Ahora los alemanes estaban desangrados por los rusos, y además los rusos también, más allá de la dolorosa y valiosa experiencia adquirida, habían sufrido enormes pérdidas. El plan de Churchill y los yankis era que se desangren mutuamente Alemania y la U.R.S.S. Lo que menos querían era ayudar a Stalin a vencer.
Otra ciudad que sufrió ese tipo de agresión fue Dresde. La masacre de Dresde se realizó un mes antes de la masacre de Tokio, por la Fuerza Aérea Británica y la Fuerza Aérea Estadounidense. Esa ciudad alemana a orillas del río Elba, famosa por sus construcciones de la Edad Media y por ser un centro de la cultura europea a la que llamaban “la Florencia del Elba”, en el momento en que fue bombardea no representaba ningún valor desde el punto de vista militar, sino que además estaba atestada de refugiados que provenían del frente de guerra. Los bombardeos comenzaron el 13 de febrero y se extendieron en sucesivas oleadas hasta el 15. La cifra de víctimas, como en las demás masacres, no se sabe con precisión, sino que son estimaciones que varían mucho según la fuente. Las fuentes anglosionistas, perpetradoras de estas masacres, indudablemente que las minimizarán, a la vez que maximizarán, con su deshonestidad característica a los fines de hacer su propaganda política, las cifras de las masacres de judíos dentro de lo que son las masacres de los nazis, que además de los judíos, ejecutaron o dejaron morir a millones de prisioneros rusos, yugoslavos, gitanos, comunistas, etc.
De las masacres de los nazis, las que más se conocen son las que perpetraron contra los judíos, pero los alemanes realizaron innumerables masacres contra todo tipo de oponentes o de personas para ellos indeseables. Por eso las cifras de caídos en la Gran Guerra Patria en la Unión Soviética son tan altas, de las cuales, aproximadamente, sólo aproximadamente una cuarta parte de esas víctimas fueron soldados caídos en combate. El resto fueron civiles o fueron soldados tomados prisioneros y ejecutados de diversas maneras (recluídos en campos de concentración y dejados morir por inanición o ejecutados sumariamente con diversos medios). Según Ecured, “de los 5,7 millones de soldados y oficiales hechos prisioneros por los nazis, 3,3 millones murieron de hambre, frío y torturas. En el territorio de la URSS, como resultado de los bombardeos, combates y crueles condiciones del régimen de ocupación fallecieron o fueron exterminados 11 millones 520 mil personas. Fueron llevados a Alemania, para realizar trabajos forzosos, 5,3 millones de personas, de los que regresaron a la URSS 2,6 millones; murieron a causa del mal trato y difíciles condiciones de vida cerca de 2,2 millones y se convirtieron en emigrados unos 450 mil de los ex ciudadanos soviéticos”. La alta cantidad de víctimas civiles o víctimas por fuera de situación de combate demuestra claramente la doctrina militar genocida y exterminadora del Ejército hitleriano.
Y aquí no profundizamos en el detalle de los eventos de experimentación con seres humanos que es típico de los nazifascistas, en su concepción racista y supremacista del Hombre, donde se pretende que unos hombres tienen más valor que otros, y donde se desprecia completamente la vida humana. Tanto Alemania, como Japón, como Estados Unidos, como Gran Bretaña, entre otras naciones imperialistas, han llevado adelante atroces experimentos con seres humanos.
Tampoco nos adentramos en el desempeño militar de los colonialistas en África, continente donde quizá no haya tanta documentación sobre masacres y genocidios, pero que, sin duda, se produjeron en gran magnitud.
Tampoco describimos las prácticas del régimen racista de Israel, que además de haber realizado todas las maldades imaginables contra el pueblo palestino, es un régimen que se especializa en la formación de mercenarios y la articulación de estrategias de dominio totalitario sobre poblaciones o comunidades de todo tipo a lo largo y a lo ancho del mundo.
En las guerras de Corea, de Indochina (Vietnam), de Centroamérica, de Argelia, y etc., encontraremos el sello característico de la forma de hacer la guerra por parte del Imperio: masacres y abusos inenarrables sobre personas indefensas. Su doctrina militar carece de todo honor y es nada más que pillaje y cobarde abuso de la fuerza, porque esa y no otra es la naturaleza moral del imperialismo.
¿Y los rusos?
Por contraste, si revisamos la doctrina militar de las fuerzas antimperialistas, repararemos en que sus ejércitos han librado la guerra de otra manera. El Ejército Rojo en la Gran Guerra Patria jamás tuvo el objetivo de provocar víctimas civiles, sino que su estrategia estuvo siempre guiada por el objetivo de vencer a los combatientes enemigos, no de golpear a los pueblos. No encontraremos casos de masacres como las de Nankín, Tokio, Dresde o Hamburgo. No encontraremos ese modus operandi como parte de la doctrina, como sí sucede en Occidente o en Japón (que hoy es un Estado vasallo). Si eventualmente se produjeran abusos, éstos resultarían en una excepción, y como parte del compartamiento táctico, no como parte de la planificación del Estado Mayor. Lo mismo podemos decir de las fuerzas de Ejército Popular de Corea, o de China, o de las fuerza del Vietcong, o de las fuerzas militares de Irán, o de Cuba. Son fuerzas militares libertadoras, no fuerzas opresoras.
En momentos en que el mundo se ve cada vez más conmocionado por las publicitadas masacres del EIIL (Daesh, en árabe) y de otras formaciones militares organizadas y alentadas por Occidente, comprender la naturaleza íntima y profunda del poder imperialista no sólo nos hará tomar conciencia de quienes son los merecidos enemigos de la Humanidad toda, sino también adelantarnos a sus acciones y poder “leer” por debajo de la histeria informativa de los “prestitutes”, qué es lo que realmente está pasando en el terreno.
Mao Tsé-Tung decía que “todos los reaccionarios son tigres de papel”. Y tenía toda la razón. El imperialismo es un tigre de papel, y mientras más lo conozcamos más nos convenceremos de esta verdad.
La doctrina militar cobarde de la masacre y el terrorismo sigue aplicándose hoy en día, pero con las formas modernas y las tecnologías modernas. Pero eso ya será motivo de un próximo artículo...
Por: Leonardo del Groso
FUENTE: HISPAN TV
martes, 9 de agosto de 2016
EEUU RESTA IMPORTANCIA A LOS CRÍMENES DE LOS ''REBELDES MODERADOS''
-Por Yusuf Fernandez
La política de armar a los “rebeldes moderados” sirios ha entrañado siempre muchos problemas para EEUU, debido a cuestiones tales como su incapacidad, sus lazos con los grupos terroristas takfiris vinculados a Al Qaida, a los que a menudo han abastecido con armas, o sus prácticas de corrupción. Sin embargo, en los últimos tiempos, las actividades criminales de tales grupos, que han sido denunciadas por múltiples organizaciones internacionales, parecen haberse recrudecido hasta extremos particularmente brutales.
Uno de estos grupos “moderados” es Nureddin al Zinki, una facción que no tiene nada que envidiar al EI o al Frente al Nusra en lo que respecta a su carácter extremista y criminal. Este grupo, vinculado al llamado Ejército Sirio Libre (ESL), ha estado ocupando portadas en los últimos meses debido a una serie de hechos criminales.
A principios de Julio, un informe de Amnistía Internacional señaló que este grupo era uno de los que EEUU apoyaba y que estaba implicado en casos de tortura y ejecuciones sumarias. AI citó concretamente a tres organizaciones: Nureddin al Zinki, el Frente del Levante y la 16ª División del Ejército Sirio Libre. Estas facciones no sólo han llevado a cabo ejecuciones de soldados prisioneros, sino también torturas, abusos y crímenes contra las minorías religiosas, como alauíes, cristianos y otros, y contra activistas por la paz.
Estos crímenes son justamente los mismos que EEUU ha denunciado cuando han sido cometidos por el EI. Todo ello sugiere que Washington practica una política de clara hipocresía y ha estado utilizando sus fondos para apoyar a criminales de guerra.
La pasada semana un niño enfermo de 13 años fue sacado a la fuerza de un hospital en el campo de refugiados de Handarat y decapitado tras ser torturado física y psicológicamente. Uno de sus verdugos se negó a aceptar la petición del menor de ser muerto a disparos y se jactó de que su grupo era “peor que el EI”. El niño fue finalmente decapitado.
Los terroristas del grupo lanzaron el 2 de agosto obuses con gases tóxicos contra una vecindad civil en la ciudad de Alepo. Siete personas murieron y más de 20 resultaron heridas por sofocación. Rusia había advertido a EEUU el día antes de la existencia de los obuses químicos pero Washington decidió ignorarlo y no hizo nada aparentemente para disuadir a sus protegidos de la utilización de los gases.
Por su parte, el Departamento de Estado ha preferido restar importancia a estos crímenes. Su portavoz, Mark Toner, excluyó que su país fuera a dejar de armar a Nureddin al Zinki, o a su socio mayor, el Ejército Sirio Libre, “sólo” porque hubieran decapitado a un niño o utilizado armas químicas.
“En primer lugar, ha habido muchas especulaciones sobre la oposición moderada siria”, dijo Toner, añadiendo que “un incidente aquí y otro allá no te convierten necesariamente en un grupo terrorista”. Él dijo que EEUU dirigía su foco a “apoyar a la oposición moderada” y diferenció a Nureddin al Zikin de otros grupos, como el EI o Al Nusra, alegando que estos últimos no tenían la intención de atacar a “sólo” a Siria, sino también a Occidente”.
FUENTE: AL MANAR EN ESPAÑOL
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